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Dos Torres es un pueblo cargado de historia, sus orígenes se remontan a la Baja Edad Media (siglos XIV y XV), pero su territorio ya estuvo poblado en la antigüedad, en tiempos del Paleolítico y durante la época romana, prueba de ello es la gran cantidad de vestigios arqueológicos que ha legado nuestro devenir histórico. Las villas que dieron lugar al actual municipio fueron Torremilano y Torrefranca, cuyo máximo apogeo se desarrolló en los siglos XV y XVI, siendo durante este período cuando se levantarían sus arquitecturas más relevantes.
Torremilano tiene sus orígenes en el siglo XIV, posiblemente como consecuencia de una serie de factores derivados de aquellos tiempos que propiciaron el asentamiento en este lugar, concretamente en torno a la torre albarrana de una pequeña fortaleza que servia de límite o frontera entre las villas de realengo pertenecientes a la jurisdicción de Córdoba y el Señorio de Santa Eufemia, de gentes llegadas de Pedroche, la que fuera la villa matriz de las Siete Villas de Los Pedroches, huyendo de la peste que asoló la población en el siglo XIV, así como de gente venida del norte, ya que tenemos que tener en cuenta que era una época difícil, la historia de España atravesaba tiempos de crisis y de constantes conflictos, puesto que estaba vigente el proceso de Reconquista y consecuentemente se estaba desarrollando un fenómeno de repoblación, en el que las gentes del norte comenzaban a ocupar las tierras reconquistadas, cristianizando los lugares, ésta pudo ser otra de las consecuencias que motivaran el asentamiento de moradores en Torremilano, y tampoco debemos de olvidar que por el término municipal de Dos Torres discurría la Cañada Real de la Mesta y la Cañada Real Soriana, siendo éste, un lugar por el que transitaban constantemente numerosos pastores, mercaderes, peregrinos,… que se establecerían por aquí.

Los Reyes Católicos la nombran parte integrante de las Siete Villas de Los Pedroches, en el privilegiado segundo lugar, tras Pedroche, y delante de Torrecampo, Pozoblanco, Villanueva de la Xara, Alcaracejos y Añora. Carlos I concedió a Torremilano el privilegio de no ser vendida, aunque sería su propio hijo, Felipe II, quien intentará tal asunto con objeto de obtener beneficios para la compra de la Dehesa Rivera, siendo la propia villa la que integró el valor de la dehesa antes de que fuera vendida y pasase a ser señorío. Torremilano fue villa de realengo, perteneciendo a la jurisdicción de Córdoba, al igual que el resto de concejos que componían las Siete Villas de Los Pedroches, pertenecieron a la Corona, salvo en el período de 1660 a 1747 en que, con las Siete Villas de los Pedroches, fue vendida por Felipe IV a los marqueses del Carpio. Con el tiempo, Torremilano se convertió en la cabeza administrativa de la jurisdicción de las Siete Villas, por delante de Pedroche, prueba de ello es la elección de esta villa de Torremilano para el establecimiento del primer Corregidor Real de Los Pedroches, D. Francisco Miguel Díaz de Mendoza, que tomó posesión del cargo el día 1 de mayo de 1747, fijando su residencia en esta villa para ejercer una autoridad jurídica superior, que además suponía una centralización de poder.

Por otra parte, la otra villa que dio lugar a Dos Torres, Torrefranca, perteneció al Condado de Santa Eufemia, villa de señorio, y sus primeras referencias documentales datan de mediados del siglo XV. Su origen tiene lugar cuando a D. Gonzalo Messía Carrillo II, Señor de Santa Eufemia, le fue otorgado el 4 de febrero de 1467 un enclave que formaba parte de Torremilano, perteneciente a Córdoba, en agradecimiento al apoyo que prestó a Enrique IV en el conflicto de sucesión a la corana con su hermano el Infante D. Alfonso.
Gonzalo Messía, señor de Santa Eufemia, le impuso el nombre de Torrefranca en el año 1481, anteriormente se conocía como el “Barrio Mejías”. El nombre de Torrefranca hace referencia a los recursos empleados (mercados francos, mejores condiciones tributarias,…) por Gonzalo Messía para atraer a los vecinos de Torremilano. Los conflictos provocados por D. Gonzalo, usurpando tierras y queriendo apoderarse de Torremilano, ocasionarían que se levantara una muralla de separación entre ambas villas, a iniciativa de los administradores de Torremilano.
A partir de 1491, la intención de D. Gonzalo, con sus ansias de poder, no fue otra que procurar atraerse a la población de la villa vecina de Torremilano, empleando todas aquellas herramientas y artimañas que estuvieron en su mano para ello, abriéndose paso impunemente en el muro divisorio, incluso llegó a quemar y demoler casas de Torremilano después de haberlas comprado.
Eran dos villas físicamente unidas, pero jurídico – administrativamente tenían concepciones totalmente distintas, una pertenecía a la Corona (villa de realengo), y la otra al señorío de Santa Eufemia.
Torremilano y Torrefranca fueron cuna de nobles e hidalgos, este rango social ha quedado patente, a través de los siglos en sus monumentos y casas solariegas de portadas y escudos blasonados, conservando uno de los más importantes legados arquitectónicos de los existentes en la zona.
Fue el 11 de diciembre de 1839 cuando el General Espartero, regente de la Reina Isabel II, decretó la fusión en un solo municipio de las dos villas: Torremilano y Torrefranca, con el nombre actual de Dos Torres.



Antigua iglesia de Sta. María de Torremilano, fue edificada entre los s. XV y XVII. En ella se conjugan armónicamente los estilos gótico, mudéjar andaluz, renacentista y barroco. Es de planta de cruz latina, con crucero, dividida en tres naves por dos filas de arcadas y cubierta en su nave central por un artesonado mudéjar. El cuerpo de naves responde a la cronología del S. XV, con un estilo propio de su tiempo. En el S. XVI se desarrollaron las obras de ampliación que dan lugar al majestuoso presbiterio o altar mayor, dirigidas por el arquitecto Hernán Ruiz III. Al exterior, sobre el arco triunfal se encuentra una pequeña espadaña de un solo cuerpo que perteneció a la primitiva parroquia de Torremilano. La actual torre está dividida en dos cuerpos de campanas de estilo barroco y construidos en ladrillo.



Templo levantado por D. Gonzalo Messía Carrillo III, Señor de Santa Eufemia y la Guardia en el siglo XV, es el monumento más importante de la antigua villa de Torrefranca que pervive en la actualidad. Es de una sola nave, cubierta por una techumbre de madera a dos aguas, y de especial interés son las roscas irregulares de los arcos ligeramente apuntados que sustentan la cubierta. Actualmente este edificio da cabida a la Casa de la Cultura de la localidad, tratándose de un inmueble con un gran encanto por la sobriedad y elegancia de su arquitectura, en el que se celebran gran parte de las actividades y espectáculos de la programación cultural.



De entre los Siglos I al IV d.C. Se trata de una construcción significativa por ser uno de los pocos monumentos de este tipo existentes en Andalucía. Presenta planta centralizada, cuadrada al exterior y circular al interior. De especial interés es la bóveda que cubre el cubículo. El pozo se abrió con posterioridad, en el siglo XVIII.


El gran atractivo que Dos Torres posee, se refleja, sobre todo, en la singularidad y monumentalidad de su Plaza Mayor de la Villa. Lo más característico de esta plaza son sus soportales, edificio que constituía la antigua cárcel de Torremilano, sin paralelismos en la comarca de Los Pedroches, fiel reflejo de la simbiosis y el mestizaje de la arquitectura de Dos Torres, que guarda numerosas semejanzas con la arquitectura castellana y extremeña, por la localización geográfica en la que se sitúa la comarca en general y el municipio de Dos Torres en particular, limitando con Castilla la Mancha y Extremadura, dando pie a numerosas connotaciones comunes con las costumbres de estas tierras. 

El edifico actual fue cárcel pública, concluida en 1704. En aquella época, el Concejo adquirió unas casas para agregarlas a las viejas ruinas de la antigua cárcel para realizar una nueva. 


Los soportales están formados por pilares de sillares de granito sobre los que apoyan arcos escarzanos de ladrillo, presentando un segundo piso con columnas de piedra sobre plintos del mismo material y balaustrada de madera.


Las portadas y los escudos de las fachadas de Dos torres son los elementos que, quizás, mejor fisonomizan esta villa histórica. La nobleza e hidalguía de algunos de sus vecinos ha dejado una profunda huella en el patrimonio inmobiliario de su caserío; la emblemática heráldica que preside algunos de sus dinteles tenía no solamente una finalidad artística y estética, con esas magníficas labras, sino la elocuente finalidad de pregonar a los cuatro vientos un rango social destacado, el prestigio social y el poder económico de sus titulares. 

Los escudos de armas constituyen sin duda uno de los elementos identificativos de la nobleza e hidalguía de la villa en la Edad Moderna, siendo ya en este momento, un símbolo exclusivista de los grupos de privilegio, que rubrican su grado de nobleza e hidalguía a través de sus armerías.

El alto rango social de muchos de sus vecinos ha dejado una profunda huella en la nobleza de sus casas solariegas desde finales del siglo XV, en las fachadas y en los escudos nobiliarios que las presiden: Morillo – Velarde, Jurado de Pedradas, García Bejarano, Díaz de Mendoza, Escudo Real de las Carnicerías Públicas, Messía Carrillo y Dª. Mayor Fonseca, Sánchez de Gahete, Contreras, …


Se trata de un puente de la época romana formado por un solo ojo alzado sobre el arroyo Milano, formado por un arco con dovelas de ladrillos de barro. El cuerpo está realizado con mampostería irregular de piedras locales trabadas con cemento. Une el barrio de San Juan con el resto de la población, de gran interés es su empedrado en forma de mosaicos.


Está situado en el paraje de la ermita de Nuestra Señora de Loreto (anterior Santa Ana), data del siglo XVI, puente alzado con cinco ojos de piedra de granito, de gran sencillez y sobriedad, que a su vez le confiere una gran elegancia;. Sirve de acceso a la ermita de la Virgen de Loreto, contemplando desde su empedrada calzada la fachada de dicha ermita.

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